Si su historia en el arte popular es irrepetible, así también lo es su historia de vida. Su carisma y la devoción de todo un pueblo han sido sus señas particulares; pero mientras en el escenario su estrella brillaba con un destello impresionante, en sus adentros el ser humano se hundía en la ansiedad, la desesperación y la más profunda tristeza.
En estas páginas, El Mayimbre, como se le conoce en el mundo del espectáculo, hace un mea culpa y reconoce que con su actitud, no sólo se dañó a sí mismo, sino que también le falló a quienes más lo amaban: su familia y su pueblo. Así como nunca es tarde para volver a empezar, tampoco lo es para pedir perdón y agradecer, como lo hace en este diálogo, más que el cantante, el ser humano.























